El origen del maquillaje

El maquillaje forma parte de nuestro día a día; su cotidianidad y accesibilidad lo han convertido en un acto totalmente normal en la sociedad actual. Ya no solo se usa como una herramienta para resaltar la belleza, sino también como una forma de expresión artística, de empoderamiento y creatividad, de celebrar la diversidad y autenticidad. 

Pero… ¿De dónde viene? 


Su historia se remonta al Antiguo Egipto, donde se utilizaban colores fuertes y brillantes para resaltar los ojos y labios.

Los pigmentos se obtenían de elementos naturales como el antimonio rojo o el óxido de hierro, para los labios; la pulverización de piedras y minerales (de donde nacían los tonos turquesas y azules, aplicados en los párpados); el kohl (mezcla de hollín y otros ingredientes), para delinear ojos, y remarcar cejas y pestañas; mezclas de yeso, harina de haba, tiza y albayalde (carbonato de plomo) con las que blanqueaban su piel…

Desde entonces, la tendencia y el ideal de belleza ha ido cambiado a lo largo de los años hasta la llegada del siglo XX. A pesar de ser una época de inestabilidad social y política, también estuvo marcada por grandes avances científicos que permitieron la consolidación de la industria cosmética. Esto, sumado al auge de los medios de comunicación, el cine y la publicidad, instauró un nuevo concepto de producto de belleza que se volvió más accesible, al alcance de mujeres de distintas clases sociales.
Se inspiraban en iconos del cine, como Greta Garbo y Marlene Dietrich; y posteriormente en Brigitte Bardot, quien encarna un canon de belleza natural y sofisticado. Esta tendencia no ha desaparecido. La más extendida en las calles las últimas temporadas es el makeup no makeup; pero el maquillaje del siglo XXI no se queda ahí.

¿Qué usos tiene?


En la actualidad, el maquillaje ha abarcado muchos más mundos. Se ha convertido en un arte de relevante importancia, sobre todo en el ámbito escénico, donde tiene un papel fundamental en la preparación del rostro para los efectos de la iluminación y la caracterización de personajes.

En esta, el maquillador trabaja en el diseño de la imagen que debe adquirir el actor y la lleva a cabo a través del uso de pigmentos y/o cosmética con los que se le cubre el rostro y/o cuerpo con el fin de modificar, reducir o disfrazar sus rasgos naturales, convirtiéndolo en el personaje que interpreta y sin olvidar el efecto de los focos, sobras y cámaras en la piel.

La gran variedad de productos y técnicas existentes, y el constante aparecimiento de innovaciones en la cosmética y herramientas (por ejemplo, el uso del aerógrafo para maquillar) hacen de esta, una disciplina innovadora, en constante cambio y crecimiento. 

Algunos maquilladores, también adquieren la función de estilistas; es decir, no solo se centran en trabajar la piel de sus clientes, sino que también asesoran sobre la vestimenta, peinado y, en general, la imagen y estética completa. Así pues, tienen una visión global de la belleza y crean una armonía estética alrededor de un sujeto o escenario, aumentando su seguridad y potenciando sus virtudes.